Incuestionable clásico.  Ayer a las dos de la madrugada la 2 de TVE tuvo el honor de emitir esta gran obra de arte después de “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin (¿intencionadamente?), dirigida por el inenarrable Bruno Corbucci en una auténtica aventura norteamericana (Colón o Americo Bespucio no era consciente del peligro que corría su preciado descubrimiento). Y esta aventura, o enorme odisea por las calles de Miami, no podría ser de otra forma más que de la mano de la dupla que más hizo temblar a los villanos (y no, no me refiero a M.A. y Murdock), ese par de dos a quien nadie se atrevería a toser porque siempre daban el golpe (y no son Bonny & Clyde), esos ínterpretes los cuales una vez juntos no había quien los parase (tampoco me refiero a Newman y Redford), dos personas capaces de liarse a mamporros en cualquier situación por un destino (ni para Dios Alex y Bustamante (no debía haberlo dicho, lo sé)…

… En fin, la verdad es que estos dos personajes, decisorios cimientos de la historia del séptimo arte, la verdad es que no necesityan presentación alguna, pero ahí va: MR. BUD SPENCER & MR. TERENCE HILL. No tengo ni pajorera idea de por donde empezar, porque la verdad es que lo de estos dos fenómenos astronómicos es histórico.

Bueno, vamos a ello: El tandem Spencer-Hill podría tener su genésis cuando un tipo que cursó los estudios de medicina y se licenció en derecho en la universidad de Roma, que además a su país en los juegos Olímpicos, modalidad: Natación y Waterpolo, de Helsinki (1952) y Melbourne (1956), de nombre Carlo Pedersolli bajo el pseudónimo de Bud Spencer, coincide en el reparto de un film sobre Anibal dirigido por unos tal Carlo Ludovico Bragaglia y Edgar G. Ulmer, con un hombre diez años menor que él de nombre Mario Girotti bajo el pseudónimo de Terence Hill. A partir de éste momento puede que surgiese la química entre estos dos divergentes y divertidos personajes. Después de la realización del citado filme, ambos protagonizarían junto con Eli Wallach (es decir, EL FEO, del enorme film de Leone) y un tal Brock Peters (persona que no se si por casualidad, pero ha fallecido el veintitrés de agosto de este mismo año. Es decir, hace nada), un Spaguetti Western dirigido por Giuseppe Colizzi (el cual a excepción de sus dos últimas películas, dedicaría su carrera a Spencer y Hill. Por casualidad esas dos últimas no despertaron interés alguno) titulado “Los Cuatro Truhanes”.

Siguieron colaborando y protagonizando films juntos, pero probablemente su verdadero éxito no llegaría hasta que ambos fuesen los protagonistas absolutos de otro Spaguetti Western dirigido en 1971 por Enzo Barboni, la famosa “Le Llaman Trinidad” (la cual también tendría su respectiva secuela) . A partir de entonces la carrera del dúo sería cuasi-imparable arrasó con películas como: “Y Si No, Nos Enfadamos”, en la que se las veían con unos gangsters por joderles su preciado automóvil; “Par, Impar” o “Quien Tiene Un Amigo, Tiene Un Tesoro”. Poco después realizarían esa película ecologista, todo un panfleto de la Green Peace, “Estoy Con Los Hipopotamos”. Hasta que al final, llegaron a una de las cúpides de su carrera, que no es otra que la que vamos a tratar a continuación.

Joder, ahora no se como empezar con el film. Bueno, poco a poco… No puedo hacer algo serio, en su último visionado los vecinos se han quejado de las risotadas. Es que “Miami Supercops” reúne lo mejor de toda película realizada por estos dos genios, lo mejor del cine de hostias a mansalva con efectos sonoros añadidos, lo mejor del cine polciaco, de la vida… Lo mejor.

Bueno intentaré desvariar lo menos posible (cosa en mí arto difícil). La película comienza con una partitura de algún coprófago-porculabebés-comecachorros cojonuda, la cual nos acompaña durante toda la peli como hilo musical, acompañada por unas imágenes del todo hilarantes que conjuegan imágenes de un loro haciendo el loro con otras del ambiente miamiano, tetas y culos-playa y mar. Después nos introducimos en el universo de “Dos Superpolicías En Miami” en esencia.

La forma de presentarnos a los personajes no puede calificarse de otra forma más que cojonuda. El gran momento es destinado para Hill, que mientras está en una tienda de armas ,ediante su supersentido aracnido percibe como unos malechores van ha atrcar el local y él se hace pasar por un indefenso maniquí.

Pero la que les espera señores… bueno, la verdad es que no es para tanto simplemente le ven acercarse a ellos, se dejan pegar y les dice algo así cómo:- Atracasteis a la persona equi¡bocada (o algo así). Mientras tanto el personaje del orondo tito Bud es feliz dando clases de pilotaje de helicópteros. En ese instante el director nos quiere colara que está tomando un plano del helicóptero sobrevolando la ciudad desde la luna de éste (el ventanal superior, digo), pero sinn embargo no hace falta ser tanhábil como un línce para dilucidar que el helicóptero lo único que tiene en movimiento son las hélices. De pronto Spencer dice a su miedoso alumno:
– Pilotar un helicóptero es como un vals.
Y vemos un plano del helicóptero haciendo giros de sesenta grados sobre sí mismo mientras suena un vals de fondo. Después de unos diálogos del todo insuntanciales (al menos a mi taladrada mente se lo parecieron) en los que se nos explica algo de que Hill tiene que buscar a Spencer para descubrir al cabecilla de un grupo criminal que realizó un atraco en un tiempo pasado (créanme, el argumento apenas tiene un mínimo de importancia e interés en la película), y para que Spencer, reacio a actuar en consecuencia ccon tal caso, acceda a trabajar en el caso, Hill le engaña comentándole que el jefe de policía, viejo compañero y colega de Bud, a sido asesinado (cosa que no es cierta. Toda una jugarreta al estilo Terence Hill).

Como no, cuando Spencer se entera agarra un cabreo de oso Grizzley penetrando a una cabra montesa que te deja de hielo. El tema es que nuestros héroes están dispuestos ha solucionar el caso y son admitidos en el cuerpo de policía como novatos delaten de otros agentes, a lo que no falla el típico comentario del graciosillo del cuerpo ridiculizando la supuesta de vejez de los protagonistas:- Me parece que de novatos debrían tener mas bien poco… jajajajaja… (todo un séuito le sigue la carcajada al unísono)

Pero de ese séquito destaca uno que se ríe más y más tontamente que el resto, y por ello Spencer le pregunta:
– ¿Qué te hace tanta gracia?
A lo que Hill añade:
– Dejalo, algunas cosas son de nacimiento ¿Verdad?
El agente acojonado responde:
Sss… Sí.
A partir de entonces comienza la zcción a raudales. Primero: Visitan el hotel donde se ospedó un tipo al que habían asesinado, y lo primero con lo que se encuentran es con un paquidermo pseudo-homosexual abanicándose con un intento de abanico nipón y con más pluma que un pavo real (ya, ya se. Originalidad ante todo). Éste les comenta que después de que se llevaran el cadáver vino un tipo muy musculoso e insistiendo tenazmente se introdujo en esa habitación, la número cinco, y que probablemente hubiera sido boxeador. Suben a la habitación, y Terence Hill en una muestra de su condición superdotada saca una navaja, se pone atocar la madera del cuarto con ella y deduce así que el tipo musculoso es carpintero. Entonces acuden en su busca en un poblado chicano-gitano, Spencer pregunta a un anciano si sabe donde puede encontrar a un ex-boxeador carpintero y de pronto entra en escena el entrañable: CHARRO.

Y de qué forma señores. En cuanto Bud ha preguntado eso, vemos a un pibe saliendo por los aires rebntando un puerta del hostiazo que le debn de acabar de dar. Los protas se introducen en la chabola y vemos como Charro está zurrándose (sin motivo aparente) con unos cinco individuos. Al ver a Charro un poco (solo un poco) imposibilitado, nuestros héroes muelen a leches a algunos tipejos que estaban encima de Charro. Charro después les dice que no necesitaba su ayuda y les lleva al taller. Ahí, el fibroso personaje les explica que era amigo del hombre asesinado, y mientras lo comenta Bud Spencer, sin quererlo ni comerlo, aún no he entendido el motivo, le reta estúpidamente a doblar sus herramientas, Bud las dobla y Charro las desdobla.

La primera es desdoblada, pero la segunda… la segunda es otro cantar ya que Charro no puede desdoblarla (destacable la falsa cara de extreñimiento que muestra). Entonces Bud se la vuelve a desdoblar y le dice:
– Acaba de ponerla bien (no exactamente, pero se me ha olvidado la palabra en concreto).
Después mientras están en la carretera se topan con una banda de asesina-camioneros, el único sentido de ésto es el de encontrarle la media naranja al personaje de Bus Spencer. Entonces estos maleantes disparan contra una camionera, la bajan del camión y comienzan a golpearla brytalmente con fuertes puñetazos propiandos en la cara, sin embargo la chica no sufre ningún daño (cosa que no es de extrañar, porque la mujer tiene más brazo que Bud Spencer, Terence Hill, Charro y los maleantes juntos).

Cómo no, los polis la salvan y Spencer queda prendado de ella en uno de esos toques de humor hilarante de la película. Consiguen la recompensa que daban los camioneros por la captura de los villanos pero como son policías no pueden quedársela. Después les mandan vestirse con sus mejores arapos para recibir a una mensajera en bareto excepcional, y cómo en este caso Hill queda prendada de ella.

A partir de aquí la trama ya se han consolidado, tenemos a los personajes esenciales y como apunte que añadir los dos superpolicías reciben un destornillanor y un proverbio sobre un águila, y piden a Charro (porque tiene raíces indias) que se lo descifren, y cuando vuelven a reunirse con el les dice esa frase para la posteridad:
– He estado pensando en ello durante tres días, y lo único que he descubierto es que están relacionadas entre ellas. (Filosofía india, aún no tengo el suficiente coeficiente intelectual para comprenderla).

No voy a comentar más por si aún hay algún pecador que aún no la ha visto y porque ciertamente ando un poco cansado. Tan solo una cosa esencial que se mme quedaba en el tintero y aún no entiendo cómo, mea culpa, y es ese enorme momento, ejem, merece la pena tener ojos para verlo.

Vamos por partes: Resulta que hay unos macarrillas que de cuando en cuando aparcan una moto en mitad de la carretera para atracar siempre al mismo autobús que se para en mitad de la carretera porque está la moto, con los mismos pasajeros y con el mismo conductor.

En el primer viaje se salen con la suya, y el payasete del chofer les dice que se estén tranquilos, que les lleva a la comisaría, y así es. Pero en el segundo viaje resulta que tienen a dos pasajeros extra, y en cuanto van a atracar a los superpolicías (Bud Spencer estaba dormido, y Terence Hill le despierta con la originalidad que solo un tipo como él desprende) y depronto Spencer haciendo que está medio sobado le mete un collejón al macarra que le revienta la nuca.

Bueno, lo demás supongo que os lo esperáis, y si no observen la foto de un poco más arriva. Espero que haya merecido la pena el homenaje que llevaban tiempo estos dos buscándose en la página y que no me haya quedado tan tedioso e incompleto como pienso. De todos modos siempre es preferible verla a leerse un post mío. Eso por descontado.

IMDB de la Película